La autoestima en edades tempranas

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Uno de los retos a los que nos enfrentamos padres y educadores es el de ayudar a los más pequeños a crear su autoestima.


La autoestima, es decir, la valoración de sí mismo, ha ido adquiriendo gran relevancia en la sociedad actual, ya que no solo se utiliza al hablar de educación, sino que, actualmente, también hace referencia al ámbito de la salud e incluso al mundo empresarial.

Hablar de la autoestima con los pequeños es importante porque es aquí cuando ellos construyen su personalidad y aprenden a relacionarse con los demás, adquiriendo su identidad mediante un proceso de relación.


Es importante tener en cuenta que, mientras que los niños aún no tienen la capacidad de observarse y sacar conclusiones, somos nosotros, padres y educadores, su referencia: nuestras palabras y conductas les sirven para conocerse y valorarse y, por tanto, se convierten en la estructura sobre la que se irá formando su propia autoestima.


Por eso, es importante el uso de un buen lenguaje, que nos permitirá relacionarnos con el niño o niña, expresar nuestras ideas y sentimientos y que el otro también lo haga.

Para ello, debemos tener muy en cuenta qué es lo que estamos diciendo, así como la forma en la que lo decimos, los gestos, el tono, la mirada, etc.


Por otro lado, también tienen gran importancia los límites que estamos dispuestos a poner, utilizando estos como facilitadores de la seguridad emocional. Se trataría pues, de los límites conocidos y consensuados por el niño, que le permitan anticipar las consecuencias de su comportamiento.


Por último, otro elemento básico a la hora de ayudar al niño a crear su autoestima es el afecto. Una de las mayores necesidades que tienen los niños y niñas, y que muchos demandan, es el cariño incondicional que, especialmente, los padres pueden darles. Se trata de permitirles vivir experiencias y relaciones con los demás y que ellos sepan que, pase lo que pase, tendrán un apoyo condicional. Necesitan que un adulto les diga si sus conductas son correctas o no, pero siempre bajo la certeza de que existe ese cariño del que venimos hablando.


En conclusión, todas las personas tenemos una autoestima formada desde que somos pequeños, a través del contacto e interacción con los demás. Se trata de una autoestima sana, que nos permita adaptarnos a la sociedad, y que nos haga capaces de enfrentarnos y solucionar nuevas situaciones y problemas con éxito.



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